En 2022, la ampliación de redes eléctricas transformó la vida en Tocoromana y La Guásima, en Camarones
- 29 abr
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Con la llegada de la electricidad, las noches dejaron de ser una barrera: la historia de Beatriz Epiayú refleja cómo la energía abre paso al bienestar, a la educación y una vida más digna en su comunidad
Durante años, la energía fue una necesidad insatisfecha para las comunidades indígenas de Tocoromana y La Guasima en Camarones, corregimiento del distrito de Riohacha; En estas comunidades la ausencia de energía eléctrica no solo marcaba la oscuridad, sino también el límite de las actividades nocturnas. Cuando llegaba la noche, Beatriz Epiayú y su familia encendían una fogata para iluminar el espacio, mientras contaban historias y anécdotas, se preparaban para descansar y recibir un nuevo día.

Beatriz es una mujer de 55 años, se dedica a la artesanía del tejido wayuu, un legado que ha transcendido generación tras generación; Esta actividad para ella iniciaba en la mañana y terminaba cuando se ocultaba el sol, limitando su productividad, así como también los quehaceres de la casa. Para iluminar dentro de la vivienda encendían un mechón de gasoil, similar a una lampara de petróleo, siendo este un método precario.
No fue sino hasta el 2022 con la llegada de la ampliación de redes eléctricas; Este proyecto energético fue liderado por la alcaldía de Riohacha y ejecutado por el Consorcio Nexa; del cual hace parte Milenials S.A.S. Con este proyecto la luz comenzó a transformar sus rutinas y a abrir nuevas posibilidades en su día a día. Este avance representa más que infraestructura; es un paso hacia el desarrollo social, educativo y económico de la comunidad.
Entre sus 14 hijos, tres asisten a la escuela y uno cursa estudios superiores, lo que evidencia el impacto directo de este avance en su educación; ahora pueden continuar con sus actividades académicas incluso después de que cae la noche. Gracias a la energización, utilizan dispositivos móviles para realizar tareas, investigar y mantenerse conectados con su proceso de aprendizaje.

Para la señora Epiayú, este avance ha representado una mejora en su actividad artesanal, al posibilitar la continuidad de su trabajo más allá de las horas de luz natural, incrementando su productividad sin alterar el valor cultural de su oficio. De igual manera el desarrollo de las comunidades es notorio, los hogares cuentas con electrodomésticos y dispositivos tecnológicos lo que contribuye con el bienestar común.
“Muy agradecida con el proyecto que culminó de manera satisfactoria, gracias al alcalde José Ramiro que en su administración hizo una obra como esta. Nosotros como pescadores, artesanos, comerciantes y trabajadores del etnoturismo, estamos agradecidos porque la entidad nos está dando herramientas para cambiar nuestra calidad de vida”, dijo Rosa Redondo, líder y autoridad de la comunidad de Tocoromana.
Por otra parte, Beatriz consciente de los problemas ambientales existentes, ha adoptado prácticas cotidianas pero significativas para reducir el consumo de energía. En las noches de luna llena, por ejemplo, prefiere no encender los bombillos y aprovechar la luz natural que ilumina el entorno. Este gesto refleja una forma de habitar el desarrollo con responsabilidad, donde el acceso a la energía no se traduce en exceso, sino en equilibrio entre bienestar y respeto por la naturaleza.
El cual en los proyectos de Milenials, el desarrollo se mide en el impacto positivo que deja en las comunidades y el entorno, donde trabajar con compromiso significa impulsar cambios reales, sostenibles y conscientes.
Malka Martínez Choles



